Spanish Femdom Story

EL ESPIA

Mi trabajo en el Centro de Investigaciones Biológicas era bastante agradable. El ambiente era realmente cordial y todos los compañeros muy sanos y normales. No obstante, con quienes yo me llevaba realmente bien era con aquellos que formaban parte de mi equipo de investigación: mi jefe, Juan, un hombre de unos 45 años siempre atento con sus subordinados y de muy buen trato, y mis colegas Silvia, Patricia, Carolina y Margarita, cuatro chicas de entre 22 y 27 años, simpáticas, ingeniosas y siempre dispuestos a contar un chiste o a tomar una copa tras el trabajo ademas de ser muy hermosas. La verdad es que trabajar se hacía realmente fácil con aquel equipo. A propósito, mi nombre es Alberto y tengo 24 años.
Los cinco habíamos sido escogidos por el Gobierno mientras estudiábamos en la Universidad para trabajar en el Centro, concretamente en una investigación que se estaba llevando a cabo consistente en un compuesto capaz de alterar en volumen la materia viva. Aún no habíamos logrado resultados concretos, pero avanzábamos poco a poco en lo que podría ser la solución al hambre en el mundo, o bien el arma más mortífera jamás inventada, dependiendo del uso que se le diera.
Había algo, sin embargo, que mis compañeras no sabían Yo era un topo. Había sido captado hacía unos meses por una potencia rival para espiar los resultados de la investigación. Así, semana tras semana, yo mantenía informado a mi contacto de todos los avances que se iban produciendo en nuestra investigación. Para ello me servía de las más modernas técnicas de espionaje, logrando que mis compañeras no sospechasen nada y me considerasen uno más de ellos. ¿Qué por qué hacía esto? Por dinero. Pura y exclusivamente por dinero. Yo era un joven ambicioso y me importaba poco mi país mientras pudiese sacar la mayor cantidad de beneficio posible para mi cuenta personal. Además de la cuantiosa remuneración que recibía por mis servicios, me habían prometido la dirección de un futuro centro de investigaciones en el que podría convertirme en un científico de fama.
La mañana que empieza mi historia acabábamos de llegar todos, excepto Silvia, y estábamos ya sobre nuestro instrumental cuando irrumpió éste con gran alegría.
-¡Lo encontré! ¡Creo que lo encontré!
-¿La fórmula? –inquirió Patricia.
-Sí, estábamos equivocados respecto al momento de añadir el ácido a la reduxona (así llamábamos a nuestra fórmula). Si se hace antes de la ebullición, obtenemos un derivado del compuesto inicial que sí produce el efecto que buscamos. Alberto –me dijo Silvia-, ¿quieres ir a avisar a la Margarita? Tiene que ver esto.
Salí, en efecto, en busca de nuestro integrante y cuando regresamos Carolina inyectó la reduxona en el tallo de un arbusto con el que trabajábamos. Nada ocurrió.
-¿Y bien? –dijo Margarita, expresando la pregunta que nos hacíamos todos. Sivia se limitó a sonreír:
-Esperen. Un poco de paciencia.
Casi imperceptiblemente un extraño humo, de color azul celeste, muy tenue, comenzó a desprenderse de la planta. Todos miramos con curiosidad mientras la columna de huma aumentaba. Entonces, ante nuestro estupor, la planta comenzó a hacerse más pequeña, pero conservando intactas su forma y proporciones. Exclamaciones de asombro salieron de nuestros labios mientras el arbusto se reducía a una veinteava parte de su volumen inicial.
-¡Es increíble! ¡Buen trabajo, chicas! –dije yo.- . Sigamos trabajando. Hay que perfeccionar esto.
Todos felicitamos a Silvia por su descubrimiento y nos lanzamos a la búsqueda de nuevas posibilidades de la reduxona. Aquella tarde lo celebramos debidamente tomando unas copas en la cantina del centro, rebosantes de camaradería y triunfo. Sin duda formábamos un buen equipo. Durante los días siguientes descubrimos formas de controlar la reducción de tamaño y de revertirla. Hicimos asimismo diversas pruebas con animales. Al final fuimos capaces de aumentar o disminuir de tamaño a voluntad cualquier animal o vegetal simplemente con unas pequeñas inyecciones.
Por supuesto todos aquellos avances fueron recibidos puntualmente por el Gobierno para el que yo trabajaba a través de mis propios mensajes. La última vez que me había reunido con mi contacto le había ya de hecho entregado un pequeño tubo de ensayo con la fórmula en su estado final. A pesar de ello nosotros continuábamos la investigación. Una mañana, a poco de llegar al laboratorio, apareció Margarita y nos dijo que quería hablarnos. Estaba realmente seria.
-Hola chicos, perdonen que interrumpa el trabajo, pero el personal de seguridad del Centro ha encontrado algo interesante que os voy a mostrar –diciendo esto sacó del bolsillo de su chaqueta un tubo de ensayo. El corazón me dio un vuelco. Era el mismo que yo había entregado a mi contacto dos días antes.
-Al parecer hay alguien aquí que conoce este pequeño tubo, ¿verdad, Alberto? –continuó Margarita, mirándome directamente. Me eché a temblar. No obstante, traté de mantener la calma.
-No sé de qué me hablas
-Vamos, hombre. El guardia del turno de noche fue quien capturó al tipo que llevaba esto. El único que había salido del Centro aquella noche eras tú.
-Eso no quiere decir nada –sentía sobre mí las miradas de mis compañeras-. Te aseguro que no sé nada de eso.
Sin embargo, Margarita me ignoraba ya en aquel momento. Le habló a mis colegas como si yo no estuviese diciendo nada:
-Al parecer nuestro amigo trabaja por cuenta de otros y les está informando de todo lo que hacemos aquí. Es un espía y un traidor, vamos.
Comprendí que estaba perdido y, estúpidamente, intenté salir corriendo del laboratorio.
-¡No dejéis que escape! –gritó Margarita.
Al momento las cuatro me sujetaban. Me debatí, pero nada pude hacer contra cuatro. Me mantuvieron firmemente mientras se volvían.
-¿Vais a matarme? –dije yo, entre temeroso y desafiante.
-Por supuesto que no. Somos gente civilizada –prosiguió Silvia con una extraña sonrisa en sus labios- . En lugar de eso, hemos decidido que ya hemos encontrado el sujeto ideal para probar la fórmula en un humano.
Diciendo esto tomó el tubo de ensayo y pasó su contenido a una jeringuilla. Enloquecí. Comencé a luchar desesperadamente para escapar de allí. Naturalmente no pude con las cuatro. Margarita, con aquella sonrisa en los labios, clavó la jeringuilla en mi cuello:
-¡Noooooooo! –grité desesperado.
-Tranquilo, será sólo un pinchacito –rió-. Sujetadlo aún un momento. Los efectos son más rápidos ahora.
Sentí horrorizado cómo de mi cuerpo empezaba a desprenderse el humo celeste. Al mismo tiempo mis cuatro compañeras empezaron a hacerse más grandes a mi alrededor. Miré espantado a Silvia, ante mí, convirtiéndose rápidamente en una gigante de titánicas proporciones mientras seguía sonriendo. El proceso se detuvo cuando mi altura era de unos 15 cms. Me sentí terriblemente indefenso e insignificante. Margarita volvió a hablar, su voz era ahora para mí mucho más fuerte y profunda:
-Bueno, chicas –se dirigía a mis compañeras-, no volvamos a pensar en él como persona. Ahora es un insecto, un juguete, y nos pertenece. Hagamos con él lo que queramos. Pero –añadió guiñando un ojo, aseguremosnos de castigarlo por su traición.

Mis cuatro gigantes amigas formaron círculo a mi alrededor mirándome desde su increíble altura. Resultaba tan aterrador y exitante ver a personas con las que tanto había compartido convertidas en terribles amenazas para mí, pensar que en un segundo podían acabar con mi vida simplemente de un pisotón pero por otro lado exitado al poder ver claramente abajo de sus faldas sus clazones...
-Vamos, chicas –comencé a decir-, no creeréis seran malas conmigo, ¿verdad? Nosotros somos amigos...
Carolina se agachó para escuchar lo que estaba diciendo, ya que mi voz era muy débil. Súbitamente alargó su enorme mano hacia mí. Traté de escapar, pero uno de los gigantescos pies de Silvia se interpuso en mi camino. Sentí los dedos de Carolina rodear mi cuerpo y me vi transportado por el aire mientras mi antiguo amiga se erguía.
-¿Qué vamos a hacer con él? –preguntó Margarita. Temblé al oír el nuevo sonido de su voz: profunda, cavernosa, retumbante.
-Pues aplastarlo de un pisotón y punto, ¿no? –contestó la práctica voz de Patricia. No podía creer lo que estaba oyendo.
-Pero chicas –dije angustiosamente-, soy yo, Alberto, vuestro amigo, hemos trabajado juntos muchos meses...
Mis ex-amigas ni siquiera me escuchaban. Continuaron hablando entre ellas.
-Eso sería demasiado bueno para él –la cara de Carolina estaba adquiriendo una expresión diabólica totalmente desconocida para mí-, yo creo que debemos hacer es que lo pase realmente mal un tiempo –dijo mirándome directamente con una luz perversa en sus hermosos ojos negros-, luego, en efecto, un pisotón y...¡adiós!
-Por favor, amigas –supliqué de nuevo- inyectadme el antídoto y hablemos despacio. Dejad que os dé una explicación... –continuaron sin prestarme la más mínima atención.
-Podemos tenerlo cada día uno de nosotros y jugar con él como nos plazca –continuaba diciendo Germán- de hecho se me están ya ocurriendo cosas... –volvió a mirarme con aquella diabólica sonrisa en sus labios-, ¿puedo llevármelo yo primero?
-De acuerdo –convino Silvia- mañana me lo das a mí, si os parece.
Las demás convinieron en ello. Mi cabeza iba a estallar. Me había convertido en una posesión para los que habían sido mis compañeras. Hablaban de mí como si no fuese un ser humano. Ni en mis peores sueños hubiese imaginado algo así.
-Por favor... –empecé de nuevo.
-¡SILENCIO, GUSANO! –tronó la voz de Carolina, hiriendo mis oídos- ¡BASTA DE LLORIQUEOS! A PARTIR DE AHORA HABLARAS SOLO CUANDO SE TE PREGUNTE. Y TE DIRIGIRAS A NOSOTROS LLAMÁNDONOS “MI AMA”. ¿LO HAS ENTENDIDO?
Me llevé las manos a los oídos, herido y aterrorizado.
-HE DICHO: ¿LO HAS ENTENDIDO? –repitió Carolina, apretando un poco su tremendo puño sobre mi cuerpo.
-Sí –dije en un hilo de voz.
-¿CÓMO HAS DICHO, INSECTO? –el puño se cerró aún más sobre mí.
-Sí... mi ama –dije más fuerte. Me costó mucho llamar “mi ama” a mi hasta ahora buena amiga Carolina.
-De hecho aún eres un poco grande para mi gusto –dijo Carolina e inmediatamente tomó un poco de reduxona en una jeringa y me la inyectó despiadadamente. Segundos después mi cuerpo se reducía a un tamaño de 4 ó 5 cms.
-Así está mejor –sonrió Carolina-. Y ahora, vamos a casa –se bajo las panties y me introdujo en ellas dejandome atrapado entre sus calzones en medio de sus piernas ahi tuve que luchar para girar ya que quede pegado a sus olorosos calzones para poder respirar y estar en un punto donde no me golpearan sus gigantescas piernas se bajo el vestido mientras se despedía de las demás. Pronto me vi envuelto en la oscuridad, junto a los clazones de Carolina, sacudido violentamente por sus piernas mientras caminaba hacia su coche.
Pasó mucho rato hasta que de nuevo vi la luz. se saco las panties y me puso sobre una mesa y cuando se abrió vi de nuevo la gigantesca figura de Carolina observándome atentamente. Se había quitado el uniforme del Centro y vestía ahora una Polera blanca y larga. Por primera vez me fijé en su hermoso cuerpo. La camiseta marcaba sus espectaculares cenos y se veian sus hermosas piernas. No sé si era mi nueva perspectiva, pero de pronto me di cuenta de que era una joven realmente hermosa. La verdad es que, aparte de mi lógico miedo, me sentí fascinado por aquella visión. La gigante se sentó sin dejar de mirarme.
-Bueno, pequeño, estás muy delgado –obviamente yo estaba desnudo, mis ropas no se habían reducido conmigo-, creo que necesitas un poco de ejercicio. Hay que ponerse fuerte. Podemos empezar por un poco de natación –se rió estrepitosamente.
Se levantó y volvió al cabo de un momento con un vaso lleno de agua. Sin ninguna contemplación me cogió entre sus gigantescos dedos y me dejó caer en el vaso, que para mí era del tamaño de un enorme depósito de agua.
-¡A nadar, pequeño!
Obviamente tuve que empezar a nadar para no ahogarme. Había suficiente agua en el vaso como para que mis pies no tocasen el fondo, pero suficientemente poca como para que me fuese muy difícil asirme al borde y poder sujetarme. Quedaba demasiado alto. De todas formas, un par de veces que logré alcanzar con mis manos el borde del vaso Carolina alargó un titánico dedo y me hizo soltarme.
Al cabo de un rato comencé a estar agotado de nadar. Mis diminutos brazos y piernas se movían cada vez más lentamente. “Voy a ahogarme” –pensé- “voy a ahogarme en un vaso de agua y Carolina va a dejarme morir de esta forma terrible”. La gigante había estado todo este rato mirándome luchar por mi vida, fascinada.
-¡Vamos, más brío! –dijo-. Pareces una nenaza. Creo que vas a necesitar algún incentivo para nadar con más ganas –añadió, mientras se ponía en pie, de nuevo con esa sonrisa diabólica en sus labios.
Con rápido movimiento me sacó del agua y tiró el contenido del vaso en una maceta próxima. A continuación volvió a dejarme caer en el enorme recipiente y lo dejo en el suelo. Miré, jadeante e incrédulo, lo que hizo a continuación. Se agacho y coloco su enorme vagina frente a el vaso. Me la quedé mirando con tal asombro que mi corazón se paró. Nunca había visto a Carolina desnuda y la visión de aquella vagina mucho más grande que yo mismo capas de tragarme era tan increíble que no puedo describirla. El descomunal agujero de la Vagina de mi amiga se aserco al vaso y me vi golpeado brutalmente por un inmenso chorro de pis femenino, que me empapó de pies a cabeza mientras comenzaba a llenar el vaso. Mientras meaba sobre mí, la gigante reía estrepitosamente. Me di cuenta de que mi amiga dirigía su meada deliberadamente hacia mi, pese a los esfuerzos que yo hacía por evitarlo. Al cabo de un tiempo eterno para mí, el terrible chorro maloliente cesó y Carolina volvió a colocar el vaso sobre la mesa mientras se bajaba la polera. Nuevamente tuve que nadar desesperadamente para no ahogarme, sólo que esta vez en la orina de la gigante. ella seguía observándolo todo sonriente, aunque esta vez no se limitó a eso. De vez en cuando uno de sus enormes dedos entraba en el vaso y colocándose sobre mi cabeza me hundía despiadadamente en el inmundo líquido, manteniéndome largo rato sin dejarme salir a respirar. Cuando al fin me soltaba y yo subía a la superficie, medio asfixiado, tomando ansiosamente aire, ella reía como si aquello fuese lo más divertido del mundo y me obligaba a beber grandes cantidades de su asido y maloliente piss.
Las fuerzas me fallaban ya. Estaba seguro de que Carolina continuaría con aquel macabro juego hasta matarme. Iba a ahogarme en su meada. La idea traía lágrimas a mis ojos. Nunca hubiese imaginado que la joven inteligente y agradable con quien tantas veces había charlado y tomado copas pudiese estar disfrutando haciéndome esto. Al fin, cuando estaba a punto de desmayarme, los dedos que me hundían me asieron y me sacaron de la prisión de cristal, dejándome sobre la mesa, desnudo, exhausto, empapado y apestando a wáter.

Poco a poco fui recuperando el aliento. No me atrevía a mirar a la gigante. Al fin escuché su atronadora voz:
-Bueno, pequeño amigo. Creo que necesitamos una ducha, sobre todo tú, JIJIJIJIJI. Vendrá muy bien después del ejercicio.
Me tomó en su gigantesca mano y se dirigió al baño. Me puso en el borde de la bañera, entre dos frascos de champú y gel más altos que yo mismo, mientras se desnudaba. Cuando entró en la bañera no pude menos que admirar aquel titánico cuerpo desnudo, y perfectamente formado hermosos cenos, lindas piernas y presioso trasero. Mientras el agua caliente resbalaba por su piel, pensé en ella como una diosa descendida a la tierra. Poco me duraron estas reflexiones. Cuando Carolina se dispuso a enjabonarse me tomó a mí en su mano en lugar de la esponja y comenzó a frotarme por todo su cuerpo. Lo hizo sin ningún cuidado, complaciéndose en agitarme y moverme violentamente por su piel. Se detuvo especialmente en frotarme contra sus partes más íntimas: sus increíbles cenos, su colosal vagina, sus entrepiernas sudorosas y el interior de su culo. También conocí de primera mano sus olorosos pies gigantescos con olor a sudor de mujer. Los violentos movimientos me mareaban, no obstante lo cual me excitaba el contacto con la calidez de la joven dios. No sé por qué. Yo nunca había sido sumiso, o al menos eso creía. Mi propia insignificante polla se endureció como nunca lo había hecho. Me di cuenta de que Carolina lo había notado, a juzgar por la nueva expresión de su rostro:
-¡Vaya! Pensaba estar dándote una buena lección y resulta que, al parecer, esto te gusta, ¿eh? Encima de un cochino traidor, eres un insecto sumiso y esclavo. ¿Qué voy a hacer contigo?
Dejó caer el agua de la ducha sobre su cuerpo y sobre el mío, aún en su mano. A continuación salió de la ducha y me dejó en el suelo mientras se secaba. En cuanto recuperé el equilibrio eché a correr, en un desesperado intento de escapar. De pronto, algo me golpeó con tal fuerza que me tumbó en el suelo, mientras me empapaba. Me di cuenta de que había sido un gigantesco salivazo. Carolina había escupido sobre mí, deteniendo mi huída. Me volví y la vi sobre mí, erguida en toda su impresionante estatura. Sonreía.
-¿Te extraña que tenga tanta puntería? Fui en el campo uno amigos me enseñaron a escupir. No obstante, he perdido destreza. Tengo que practicar. Es una lástima... ahora que estabas limpio otra vez.
Comenzó a escupir una y otra vez sobre mí. Yo trataba de huir pero siempre me acertaba. Su saliva cubría todo mi cuerpo. Al fin me dejé caer al suelo, resignado, mientras la gigante continuaba dejando caer sus salivazos hasta que se cansó. Entonces levantó uno de sus colosales pies y, poniéndolo sobre mi pobre cuerpo, me frotó por toda la saliva que había quedado en el suelo, mientras se reía y me insultaba desde su tremenda altura.
Cuando me soltó me miró desde arriba, aún riendo.
-¡ERES TAN PATÉTICO! SERÍA TAN FACIL MATARTE...
Pareció pensar un rato. Yo me puse de nuevo en pie, mirándola ansiosamente.
-¡Pero qué tonta soy! Debemos continuar tu entrenamiento. Después de
nadar, ¿qué te parece correr un rato?
Sin decir más volvió a levantar su colosal pie sobre mí,
dispuesto a aplastarme. Huí desesperadamente. Su otro pie gigantesco
se interpuso en mi camino. Corrí en otra dirección. De nuevo la
inmensa sombra de su pie se proyectó sobre mi diminuto cuerpo.
Continué corriendo, mientras ella me amenazaba con sus titánicos pies,
haciéndome cambiar de dirección una y otra vez. De nuevo parecía
divertirle enormemente el juego y me animaba:
-¡VAMOS, CORRE, CORRE! ¡MÁS RÁPIDO! ¡VAMOS!...
La tortura continuó varios minutos, mientras me deslizaba
entre aquellas dos enormes columnas que eran sus hermosas piernas para mí. Sin
embargo estaba exhausto. Las fuerzas me fallaban y ya no podía más.
Las últimas horas habían sido de una violencia y una tensión
insoportables. Me dejé caer al suelo y me volví boca arriba,
aceptando mi destino. La inmensa planta del pie derecho de Carolina
llenó mi campo de visión mientras descendía lentamente sobre mí.
-¡VAYA! ¡ERES UN INSECTO! CREO QUE HE GANADO, JIJIJIJI...
Sentí el contacto en todo mi cuerpo de su planta suave y
cálida, mientras la presión aumentaba. Esperé, despidiéndome del
mundo, a que mis huesos se rompieran y me convirtiera en una mancha
sangrienta en el pie de Carolina. Sin embargo, cuando la presión
comenzaba a hacerse insoportable, súbitamente cesó y el colosal pie
se apartó de mí. Carolina me observaba atentamente, seria de nuevo:
-Debería aplastarte pero no sería justo. Las demás no han tenido aún
su oportunidad de jugar contigo. Y no quiero privarles de ese placer –
añadió guiñando un ojo.
Me tomó en su mano y salimos del baño. Dejándome sobre su
cama, comenzó a vestirse.
-Bueno, pequeño. Yo he quedado con mi novio y probablemente pasaré la
noche con el. Me voy a follar como es debido, –dijo sonriente, poniendo uno de sus
colosales dedos en mi cara. Luego volvió a ponerse seria-. Debo
dejarte bien guardado.
Cuando acabó de vestirse miró a su alrededor. Al fin encontró
en un estante algunas jaulas que sin duda habían contenido cobayas
utilizados en algún experimento. Tomó una de ellas y me introdujo
dentro, cerrando cuidadosamente. A continuación se agachó y miró
dentro de la jaula, sonriente. Su gigantesca cara, de facciones
realmente hermosas sobre todo con aquella sonrisa en sus jóvenes
labios, llenó mi campo de visión.
-Ahí estarás bien –me tapé los oídos. Su voz me aturdía. Cruelmente
habló aún más fuerte al observar mi gesto-. MAÑANA VENDRE A POR TI
ANTES DEL TRABAJO Y TE LLEVARE CON SILVIA. QUE DESCANSES, JIJIJIJI y toma esto para que no pases hambre...
trajo un dedal y una galleta primero el dedal lo lleno de saliva y despues la galleta la mastico y el pure lo dejo en una especie de mini platito y los metio dentro de la jaula -BUEN PROVECHO- y Se marchó dejándome dentro de la jaula, desnudo, aún empapado en su saliva que comenzaba a secarse, hambriento y aterido de frío.
Sin embargo sólo podía pensar en lo que me esperaba al día siguiente... pero el apetito me derroto y me comi lo que me havia dejado Carolina

Apenas pegué ojo en toda la noche. Pese al inmenso cansancio
que me abatía, mi miedo y mi preocupación eran aún más fuertes. Con
las primeras luces del día escuché abrirse la puerta y pronto la
gigantesca figura de Carolina entró en la habitación. Parecía eufórico.
Sin duda había tenido una buena noche de sexo. Sin comprender muy
bien por qué en aquel momento envidié profundamente a su novio. Mi
amiga se acercó a la jaula.

CONTINUARA.

-QUÉ, PEQUEÑO GUSANO, ¿DORMISTE BIEN? VOY A DUCHARME Y NOS VAMOS.
Desapareció en dirección al baño y no la volví a ver en un
rato. Cuando regresó llevaba ya puesto el uniforme del Centro y el
portafolios en la mano. Con aquel traje parecía mayor, más madura.
Sin decir nada abrió la jaula, me sacó en su fuerte puño y me
introdujo sin ninguna contemplación en el portafolios. Un nuevo viaje
hacia lo desconocido había comenzado para mí.
Cuando Carolina llegó al laboratorio me sacó del portafolios y
de nuevo me contemplaron mis gigantes compañeras. Durante toda la
mañana estuvieron haciéndome pruebas de todo tipo, como si fuese una
cobaya. En ningún momento se dirigieron a mí para decirme una sola
palabra. Me trataron como a uno de los ratones del laboratorio. Por
más que les hablé, les supliqué y lloré ninguna de ellas me hizo el
menor caso. ¡Me sentía tan mal! Lo único bueno es que me dieron algo
de comer y beber, no por consideración hacia mí sino porque estaba
incluido en las pruebas que me realizaron. Me inyectaron diversas
dosis de reduxona, con lo cual varié de tamaño varias veces. Una de
ellas me hice tan diminuto que no sé cómo consiguieron encontrarme.
Me obligaron a moverme de mil maneras, me tomaban por los pies y me
mantenían cabeza abajo un rato, me apretaban en su puño cortándome la
respiración... me hicieron mil perrerías hasta incluso Silvia me metio en medio de sus piernas y las cerro.
Cuando la mañana terminó
estaba de nuevo exhausto. Mi tamaño era entonces de unos 8 cms.
Carolina se acercó a mí junto con Silvia y, por primera vez, habló de
mí como algo parecido a un ser humano.
-¿Sabes? –dijo a su compañero-, el gusanito ha resultado ser un
Esclavo. Le gustó rozarse con mi cuerpo y nadar en mi piss, ¿qué te parece?
No puedo jurarlo, pero me pareció que una luz se encendía en
los ojos de Silvia al oír esto. Silvia era la miembro más joven del
equipo. Era una chica de 22 años, rubia, de ojos verdes y delgada.
-Llévatelo y pásalo bien con él –terminó Carolina. la otra asintió y
asiéndome en su enorme mano me metió en medio de sus cenos.
Desde allí escuché cómo se despedía, salía del Centro y
echaba a andar. Resultaba tan extraño y exitante estar en el escote de una
mujer..., claro que mi cabeza no estaba ya para pensar mucho a estas
alturas.
Cuando Silvia llegó a su casa me puso sobre una mesa y se me
quedó mirando.
-Así que eres esclavo ¿eh? Te confesaré algo: yo soy sadica. Si
se enterasen los chicas no se como reaccionarian, pero pienso mucho en
ellos...
Yo asistía, estupefacto, a sus palabras. ¡Qué poco conocía a
mis compañeras!
-Pienso en encontrar a un esclavo a todas horas –continuaba Silvia-, comenzó a
tocarse el paquete mientras hablaba-. ¿Te has fijado alguna vez en el
auxiliar? Dios, lo que daría por sentarme en su cara
alguna vez. Vi cómo se retiraba la falda y su colales quedando su enorme vagina frente a mi.
Su mano me tomó rápidamente y me puso contra aquella cueva, dos veces mi tamaño.
Sentí su fuerte olor. Mis pies entraban facilmente en su vagina. sujetandome con su mano gigantesca
y pegandome a su vavina, una vez pegado a ella comenzó a masturbarse -¡Eh, pequeño insecto! Quiero que me ayudes a correrme. No lo voy a hacer yo todo. ¡VAMOS, TRABAJA ESE GRAN CLITORIS O TE APLASTO AHORA MISMO!
Lleno de terror comencé a meter mis brazos y piernas dentro de el gigantesco coño. la gigante me resfregava sin piedad:
-¡USA LA LENGUA, VAMOS!
Mi diminuta lengua lamió su rosado clitoris, gustando el sabor
de sus jugos, mientras continuaba moviendo mis brazos y
piernas. A Silvia debió resultarle finalmente placentero aquello, ya que
De nuevo su mano comenzó a funcionar sobre su vagina,aumentando notablemente el ritmo de la masturbación. Yo seguía con mi
cometido, lo mejor posible, aunque estaba completamente mareado en
aquella singular orgía.AAAAAAAAHHHHHHHH! Al fin se acavo. Una ingente cantidad de jugos cayeron sobre mi
diminuto cuerpo. No obstante, aún no me soltó. Siguió y siguió hasta sacar la última gota de jugo. Por fin se relajó y pude soltarme del férreo abrazo de su mano gigante. Me derrumbé en medio de su entrepiernas,
completamente bañado en jugos, mientras, poco a poco, la vagina perdia diametro.

Cuando fui recuperando el aliento, pensé que Silvia se había
adormilado. Era mi oportunidad para tratar de escapar. corri en medio de sus
gigantesca piernas hasta llegar a los pies. Vano intento. Sentí
movimiento encima de mí e inmediatamente me vi de nuevo en el puño de
mi joven amiga.
-¿DÓNDE CREÍAS QUE IBAS, PEQUEÑÍN? ¿ES QUE NO TE GUSTA ESTAR CONMIGO?
La miré incrédulo y tembloroso.
-¡CONTESTA, GUSANO!
-Sí, Silvia, me gusta estar contigo...
-SÍ, ¿CÓMO HAS DICHO?
-Sí... mi ama. Me gusta estar con usted.
-ESO ESTÁ MEJOR. VOY A ENSEÑARTE ALGO
Se levantó, conmigo en la mano. Fue
hacia su dormitorio y abrió el cajón de una mesa de trabajo. Me quedé
helado. Estaba lleno de lenseria y vibradores de varias formas y
tamaños.
-¿Qué te parece mi colección? Éste es el que más me gusta –tomó un
vibrador enorme y lo puso en marcha. Lo acercó a mi estómago,
haciéndome vibrar con él.
-Divertido, ¿eh? No sabes el placer que da metértelo por la vagina y por el culo.
Mientras sentía en mi cuerpo la vibración de aquel gigantesco
artilugio, pensaba lo poco que conocía realmente a mis colegas, pese
al tiempo que habíamos pasado juntos. Miraba a Silvia y la veía como
si fuese otra persona aparte, claro está, de sus titánicas
proporciones en aquel momento. Mientras pasaba el enorme vibrador por
mi cuerpo iba pensando en voz alta:
-Esto da mucho placer, pero ¿qué será meterte algo realmente vivo por
el culo? Me gustaría probarlo... –yo me iba quedando petrificado al
oír sus palabras-, ¿qué te parece?
-No, por favor, Silvia... –supliqué. Naturalmente no me hizo el
menor caso y, mientras yo observaba aterrado, se puso de rodillas en la inmensa cama. Extendió su
gigantesco brazo y en un instante me vi frente a frente con el
agujero de su enorme y hermoso trasero. Muy despacio, como a cámara lenta, lo vi
acercarse, acercarse... hasta que mi cabeza entró en él. Silvia
apretó sin piedad y pronto estuve inmerso en aquella caverna hasta la
cintura. Me asfixiaba y comencé a luchar por salir de allí. Mis
movimientos debieron de resultar muy placenteros para la gigante, ya
que la oí gemir:
-OOOOOH, SIIII.....SIIIIIII.
Me introdujo aún más dentro de aquella inmensa calidez.
Apenas me llegaba aire y el poco que me llegaba lo hacía envuelto en
el olor del culo de mi amiga. Afortunadamente estaba limpio y el olor
no era demasiado intenso, pero parecía penetrarme hasta las entrañas.
Continué luchando contra el abrazo mortal de aquellas nalgas mientras
Silvia seguía gimiendo y jadeando. Cuando creí que me desmayaba por
la ausencia de oxígeno la gigante, como si lo hubiera sabido, comenzó
un movimiento de vaivén conmigo, metiéndome y sacándome rítmicamente.
A pesar de que estaba a punto de morir, sólo se me ocurrió pensar en
el hecho de que me estaba follando el culo de mi compañera sin
comerlo ni beberlo, y, lo que es peor, con todo mi cuerpo. Mientras
me utilizaba como consolador, la gigante empezó a masturbarse de
nuevo con su vibrador.
El proceso continuó durante lo que me parecieron horas
enteras. Al fin Silvia debió terminar (era imposible saberlo desde
mi posición) y paró aquel espantoso movimiento. Me puso frente a su
cara, aún sacudida por espasmos de placer.
-Ha sido increíble, pequeño –suspiró y se relajó aún más. Luego
señaló la cama-. Mira cómo he puesto la colcha –en efecto, un gran
charco de jugos destacaba sobre la ropa de la cama-. Habrá que
limpiarlo ¿no crees?
Su gigantesca mano me llevó junto al charco. Era increíble
que, corriéndose por segunda vez en poco más de media hora, se hubiese
mojado tanto. Me colocó de forma que mi cara quedaba a escasos
milímetros de sus jugos.
-¡VAMOS GUSANO! ¡BÉBETELO! ¡AHORA!
Vacilé. Nunca en mi vida había gustado el jugo de una mujer.
Silvia entonces hundió mi cabeza en el blanco fluido. Tuve que
empezar a tragar el espeso jugo amoroso de mi amiga. Sentí su sabor
salobre y salado. la gigante me dejó salir a respirar un instante e
inmediatamente volvió a sumergirme en el jugo. No paró hasta que me
lo hube bebido todo. Luego me hizo lamer hasta la última gota que
quedaba en la colcha. Al fin me elevó hacia su rostro satisfecho.
-Así me gusta, pequeño. ¿A qué te ha gustado? Así lo espero por ti
porque lo vamos a repetir, JAJAJAJAJA...
Así fue, en efecto. Durante el resto de la tarde volvió a
obligarme a masturbarla y de nuevo me usó para follarse el culo
varias veces. En todas ellas tuve que beberme sus jugos después de que se exitara.
No podía explicarme cómo podía tener tanto aguante para
el sexo. Al fin, tras la cuarta o quinta corrida, me dijo:
-Bueno pequeñín. Va siendo hora de irse a la cama. Tengo que ver
dónde te pongo. Por mí dormirías dentro de mis colales, junto a
mi vagina, para tenerla humeda toda la noche, pero no quiero
arriesgarme a que te escapes mientras estoy dormida. Así que tendré
que pensar otra cosa.
Por fin mirando en su armario encontró lo que buscaba. Eran
unas botas de montar, bastante altas. Tomó una de ellas y me dejó
caer dentro. El terrible aroma de la bota hirió mi olfato.
-Ahí estarás bien. Lo siento por el olor, JAJAJAJA, ¡que descanses,
Alberto!, JAJAJAJA...
Se alejó. Aunque sólo habían pasado un par de días desde que
me había convertido en un ser insignificante me resultó extraño oírme
llamar por mi nombre. Enseguida vi que no podría escapar de la
gigantesca bota. Era demasiado alta para ser escalada y demasiado
pesada para que pudiese volcarla desde dentro. Lo intenté varias
veces sin resultado. Al fin me dejé caer en el interior de mi prisión
de calzado y el sueño me rindió, pese al espantoso olor a pies y a
cuero que me circundaba.

Me desperté bruscamente al sentir que caía. Sentí que mi
cuerpo chocaba contra el suelo, afortunadamente desde poca altura.
Silvia había vuelto la bota, sacándome violentamente de ella.
Aturdido miré su figura gigantesca que se erguía ante mí, como un
rascacielos humano, ya vestida con su uniforme.
-¿HAS DORMIDO BIEN, PEQUEÑO? –tronó su voz desde la altura-. Es hora
de irnos. Pero antes te lavaré un poco. Estás hecho un asco.
Así era, en efecto. Todo mi cuerpo estaba cubierto de jugos
resecos y olía a todos los olores imaginables. la gigante me tomó en
su puño, me llevó al lavabo y allí me enjabonó vigorosamente. Luego
me colocó bajo el chorro del grifo, que para mí era como una
catarata. Gemí de dolor, su violencia y la del agua me hacían daño,
pero sólo conseguí risas de mi antigua amiga.
-Así está mejor –dijo, secándome con igual violencia con una áspera
toalla-, no quiero que las compañeras sepan lo que pasó aquí ayer. ¡Y
COMO LLEGUES A DECIRLES ALGO –añadió elevándome hasta su intimidante
cara mientras apretaba el puño sobre mi pobre cuerpo-, APLASTARE TU
CABEZA ENTRE MIS DEDOS HASTA REVENTARLA Y DESPUÉS DESTROZARE TODO TU
CUERPO CON MI PIE!
Parecía que mi vida había pasado a ser humillaciones,
torturas y espantosas amenazas en aquel gigantesco mundo hostil en el
que me había sentido tan bien hasta unos días antes. Me vi de nuevo
en el escote de Silvia y nos dirigimos al laboratorio.


continuara


Fue otra mañana de interminables pruebas y análisis con mi
cuerpo. Pasaba de mano en mano mientras cada una de aquellas crueles
gigantas hacía sus investigaciones. Al acabar la mañana mi estatura
era más pequeña aún, probablemente no llegaría a los 3 cms. Carolina,
que parecía haberse erigido en mi dueña, me tomó entre sus dedos
índice y pulgar y me llevó hasta Margarita. Silvia tenía razón:
Margarita era la mayor de nosotros, tenía 27 años y era todo un
ejemplar de mujer: alta, delgada hermosa y muy sensual. También había
sido la compañera con la que yo me había llevado mejor hasta
entonces. A diferencia de mis otras colegas, Margarita y yo vivíamos
en el propio Centro de investigaciones, en las dependencias que el
gobierno ponía allí a nuestro servicio, por lo que nuestras
relaciones habían sido muy estrechas y era frecuente que comiésemos y
cenásemos juntos, que fuésemos el uno a la habitación del otro para
charlar o tomar una copa y cosas así. Secretamente yo albergaba la
esperanza de que Margarita me liberase de aquella tortura. ¡Qué
equivocado estaba!
-Bueno, hoy te toca a ti –tronó la voz de Carolina-, supongo que te
asegurarás de poner en su sitio al pequeño gusano, ¿no?
Margarita me tomó en su gigantesca y sudorosa mano, mirándome
con una sonrisa diabólica en sus labios. Inmediatamente, por la
expresión de su cara, me di cuenta de que mis esperanzas eran vanas.
-No te preocupes –su voz era como un terremoto-, tengo algunas ideas
para este pedazo de mierda. Créeme. Va a desear no haberme conocido
nunca.
El alma volvió a caérseme a los pies. ¿Era Margarita, mi
colega, mi amiga, quien hablaba así? No obstante tuve poco tiempo de
mirar su enorme cara amenazante sobre mí. En pocos instantes me vi
dentro de las panties de Margarita como lo havia hecho Carolina
Esta vez el trayecto duró poco. Margarita, como he dicho,
vivía en el propio Centro y el laboratorio no estaba muy lejos de las
habitaciones de los residentes. Cuando llegó a la suya Margarita me
puso de nuevo en la húmeda y cálida palma de su mano colosal.
Contemplé la habitación que tan bien conocía, convertida ahora en un
gigantesco espacio para mí. Aunque a estas alturas ya sabía que sería
inútil, comencé a suplicar a mi amiga:
-Margarita, por favor... somos amigos... no me hagas daño... vuélveme
a mi tamaño normal y déjame marchar... por nuestra amistad...
-JEJEJEJE –rió la terrible gigante aturdiéndome- ¿DE VERAS CREES QUE
TE DEJARÍA MARCHAR, GUSANO, REPUGNANTE INSECTO TRAIDOR? –su cara se
tornó agresiva. Yo temblaba de pies a cabeza-. ERES UN PEDAZO DE
MIERDA Y TE VOY A LLEVAR AL SITIO AL QUE PERTENECES.
Dicho esto entró en el baño y, sin más preámbulos, me arrojó
al inodoro. Afortunadamente caí directamente al agua, sin golpear las
paredes. Salí chapoteando mientras la inmensa figura de Margarita me
observaba desde arriba.
-AHORA VAS A SABER LO QUE ES SER REALMENTE UN PEDAZO DE MIERDA,
JEJEJEJEJE
Vi aterrado cómo levantaba la falda y acto seguido su
titánico trasero se sentaba sobre la taza, dejándome sumido en una
semioscuridad mientras seguía nadando para no hundirme. El primer
obsequio de mi amiga Margarita fue atraparme y meter mi pequeña
cabeza en su culo gigante de ahi se tiro unos pedos descomunales, que
para mí sonaban como terribles truenos y que de inmediato
transformaron el aire en una sustancia fétida irrespirable. Creí que
me asfixiaba mientras trataba desesperadamente de contener la
respiración. Sin embargo, lo peor estaba aún por llegar. me volvio al agua y Al mirar
hacia arriba vi que Margarita estaba soltando otros "regalitos"
sólidos esta vez. Dos inmensos troncos malolientes cayeron sobre mí.
Uno golpeó estrepitosamente el agua, pero el segundo me alcanzó de
lleno por más que intenté evitarlo. Mi cara y todo mi cuerpo se
llenaron de mierda. Sentí tal repugnancia que hubiese vomitado si no
hubiese estado demasiado ocupado en luchar por mi vida.
La sádica gigante se levantó, me tomo y se limpió añadiendo a la mezcla
unos cuantos papeles manchados y me miró. Comenzó a reírse
estrepitosamente:
-JEJEJEJE... AHORA ESTÁS DONDE DEBES Y AHÍ TE VAS A QUEDAR...
JEJEJEJE...
Se alejó. No volví a verla en un buen rato. Agradecía que no
hubiese vaciado la cisterna, aunque tal vez hubiese sido lo mejor
para mí. No podía creer que Margarita me hiciese esto. Creo que el
dolor moral era aún mayor que el físico. Al menos ya no tenía que
nadar todo el tiempo. Pese a lo repugnante que me resultara estar
asido a un pedazo de mierda de mi amiga, mi cansancio podía más que
mi dignidad.
Al cabo de lo que me pareció una eternidad la gigantesca
figura de Margarita se sento de nuevo sobre el inodoro. Sin mediar
palabra un inmenso torrente amarillo se abatió sobre mí. Aunque ya
la experiencia no era nueva para mí, seguía resultando igualmente
desagradable como Carolina, empapándome con la fuerza de una
catarata. Esta vez casi no me molesté en apartarme del ardiente
chorro, sólo traté de que no me diese en el rostro. Además tampoco
había mucho sitio para huir. Al fin la gigante terminó su meada y
comenzó a reír de nuevo. "Ahora tirará de la cadena y todo terminará
para mí" pensé con infinito terror, aunque también con una cierta
sensación de alivio. Sin embargo, en lugar de eso, Margarita extendió
una de sus colosales manos y, con el menor contacto posible, me sacó
de aquel inmundo lugar me puso en frente de su vagina y me dijo - LIMPIALA-
y el papel higienico? le dije
no, con la lengua antes de que te meta denuevo y tire la cadena.

me vi obligado a obedecer limpiando sus restos de orina que eran
de sabor muy fuerte y asido mucho mas que el de Carolina luego saco
un pedaso de caca y me obligo abrir la boca como no queria me apreto
con el puño y me grito ¡¡¡OBEDECE INSECTO!!! no tuve mas remedio
que seder y me hiso comer su mierda por grandes cantidades llegue
incluso a bomitar y la sujeto y me obligo a volver a comerla luego
me dijo -bueno para que no te atores toma y lleno un dedal con unas
gotitas de piss y me obligo a beberlo todo que para mi era como un
litro de piss y me dijo ASI ME GUSTA INSECTO COMO PREMIO NO TIRARE
LA CADENA CONTIGO ADENTRO Luego vació la cisterna estrepitosamente.
-Estás hecho un asco –dijo observándome-. Por mí te hubieses ido con
todo esa mierda por el wáter . No mereces otra cosa, pero tal vez a
los compañeros les sentara mal y soy una mujer de palabra.
Tengo que llevarte vivo de vuelta mañana. Así que vamos a lavarte un
poco y a larbarme las manos.

Tuve una vez más una sesión de violento lavado bajo el grifo
del lavabo. Margarita me enjabonó y me frotó una y otra vez con sus
fuertes manos. La verdad es que, dentro de la violencia y el dolor,
el ser masajeado por aquellas manos, inmensas, poderosas y suabes resultaba
extrañamente erótico. Afortunadamente mi cuerpo no estaba en
condiciones de tener una erección. Si no, quién sabe cómo le hubiera
sentado aquello a Margarita.
Al terminar me secó y me llevó con él hasta el pequeño sofá.
Encendió la TV y se sentó. Me puso en el suelo junto a su gigantesco
zapato. Por supuesto yo caí tumbado en cuanto me soltó. Mis piernas
no podían más.
-AAAG, ESTOS ZAPATOS ME ESTAN MATANDO –le oí decir. Mi cabeza miraba
al suelo y casi ni quería verlo, pero sentí que se quitaba los
zapatos y los calcetines. Margarita tenia problemas de traspiracion y
por lo visto ese dia no se puso talco y un penetrante olor invadió el
espacio de la pequeña habitación. De repente sentí que algo me tocaba en la
espalda. Continué sin volverme. Entonces el gigantesco dedo gordo del
pie derecho de Margarita, casi más grande que yo mismo, me forzó
violentamente a darme la vuelta. Quedé boca arriba para ver un
instante después cómo Margarita alzaba aquel pie colosal y lo bajaba
sobre mi diminuto cuerpo. Levanté estúpidamente los brazos, como si
pudiese luchar contra la inimaginable fuerza de aquel pie. Pronto
sentí el contacto de aquella planta, suave, húmeda y cálida. El sudor
y el increíble olor del pie de la gigante me rodearon. Esperé la fuerza
que me aplastaría, pero me equivoqué. Margarita no ejerció presión
alguna con su pie. Se limitó a dejarlo reposar en el suelo, conmigo
dentro del arco de su planta. Mi pequeño tamaño me salvaba de ser
aplastado, pero la respiración era difícil, a lo que había que añadir
el irrespirable aroma.
Mi sádica ex –amiga me mantuvo bajo su pie titánico toda la
velada. A veces movía el pie, frotándolo sobre mi cuerpo, otras veces
lo colocaba de forma que mi cabeza quedaba entre sus dedos o
presionaba con su dedo gordo amagando aplastarme con él, pero la
mayor parte del tiempo simplemente me tuvo bajo su pie, sin dejarme
apenas respirar. Me desmayé varias veces y mis fuerzas estaban
llegando al límite cuando por fin el enorme pie se apartó de mí. Como
en una bruma vi el gigantesco rostro de Margarita. Estaba de nuevo en
su mano.
-BUENO PEQUEÑO CAPULLO. HABRA QUE IR PENSANDO EN ACOSTARSE. Y YA SE
DONDE VAS A DORMIR TU, JEJEJEJE...
Tomó uno de sus calcetines y se lo acercó a la nariz.
-¡DIOS! ¡ESTO APESTA! ESPERO QUE TE GUSTE EL OLOR, JEJEJE...
Me dejó caer dentro del calcetín. Era un calcetín blanco y grueso, de deporte.
Estaba muy usado y su tacto era grasiento. Había manchas de sudor por
todas partes. El olor era terrible. Asomó su enorme cara a la
abertura:
-BUENAS NOCHES ALBERTO –dijo con voz de trueno, riendo aún. A
continuación ató el calcetín y lo colocó sobre un estante bastante
elevado. A través de la tela la vi desnudarse y meterse en la cama.
Luego todo quedó en tinieblas.
Tardé un buen rato en recuperar mínimamente las fuerzas. El
olor era completamente insoportable y aún me sentía mareado. Sin
embargo, en mi mente se hizo fija una idea: tenía que escapar de
allí. La tela del calcetín era gruesa, pero tenía claro que no
luchaba contra el cuero de una bota ni contra los barrotes de una
jaula. Empecé a intentar hacer una abertura en la tela con todas mis
fuerzas. Era realmente difícil. Varias veces estuve a punto de
desistir, pero mi instinto de supervivencia prevaleció y seguí
enloquecido tratando de rasgar el calcetín. Al fin el éxito coronó
mis esfuerzos. Conseguí abrir un agujero por el que pude deslizar mi
cuerpo. Me encontraba ahora sobre el estante. No podía ver nada, pero
temblé al imaginarme a la distancia que debía encontrarme del suelo.
Sin embargo, yo soy un científico y sabía que la gravedad depende de
la masa. Siendo mi peso en aquel momento tan pequeño la caída no
tendría tan graves consecuencias como en circunstancias normales.
Pese a esta consideración el miedo me atenazaba mientras tanteaba el
borde de la estantería con mi diminuto pie, y no me decidía a
saltar. "De todas formas –pensé- antes o después mis compañeras van a
matarme, estoy seguro. Y sabía que sería de alguna forma terrible,
de un pisotón o aplastándome entre sus dedos, o... quién sabe, a
estas alturas ya me esperaba cualquier cosa de aquellas gigantescas
sádicas. Si había de morir casi mejor matarme estrellándome contra el
suelo.
Este pensamiento me decidió. Cerré los ojos, apreté los
dientes y salté. Estuve en el aire lo que me pareció una eternidad.
Al fin sentí el violento impacto contra el suelo y el segundo
siguiente tomé conciencia de que estaba aún vivo. Comprobé que tenía
contusiones y magulladuras por todo el cuerpo, pero mis huesos habían
resistido, como yo esperaba. Me puse en pie. El aire fresco y limpio
que respiré fue como una bendición del cielo. ¡Estaba libre! Ahora
tenía que conseguir salir de allí.

Me encontraba en el suelo de la habitación de mi amiga
Margarita, un tanto desorientado en la oscuridad. Tenía que encontrar
la puerta. la gigante roncaba en su cama, con unos sonidos que me
parecían sobrenaturales, pero que me orientaron al recordar la
distribución de la habitación. Tenía que dejar la titánica cama a mi
derecha, según me alejaba del estante del que había caído. Por fin
divisé la débil luz que se filtraba por la rendija de debajo de la
puerta. Corrí hacia ella, ansioso por comprobar si mi diminuto cuerpo
podría pasar por aquella rendija. Era un agujero realmente estrecho,
pero sin pensármelo dos veces me tumbé y comencé a introducirme en
él. Como estaba desnudo, la puerta y el suelo arañaron terriblemente
todo mi cuerpo. Gemí de dolor, pero continué luchando y luchando
hasta que lo logré.
Permanecí tumbado, exhausto, unos minutos sobre el frío suelo
de mármol del pasillo del Centro de investigaciones biológicas. De
varias partes de mi cuerpo brotaba sangre, de las numerosas heridas
que me había producido al cruzar aquella ranura. Afortunadamente
ningún corte parecía profundo. Al fin fui levantándome poco a poco,
reflexionando sobre cuál sería mi próximo movimiento.
Todos los pasillos del Centro permanecían iluminados durante
la noche, aunque la luz era muy débil. Mi primer pensamiento fue ir
al laboratorio y tratar de alguna forma de recuperar mi tamaño
normal, de forma que hacia allí me encaminé, sabiendo que la
distancia que normalmente recorría en cinco minutos ahora me iba a
llevar bastante más. Sin embargo, según caminaba hacia el que había
sido mi lugar de trabajo, me di cuenta de que me iba a ser imposible
entrar, ya que la puerta se cerraba de forma completamente hermética.
Era natural. A veces trabajábamos allí con gases que podían
propagarse peligrosamente. Mi paso fue haciéndose más lento a medida
que tomaba conciencia de la situación. No podía esperar ayuda ninguna
del Gobierno para el que trabajaba. Mi contacto había sido capturado
y, probablemente, ejecutado. Pensé amargamente que él habría muerto
limpiamente, en lugar de pasar por las humillaciones a que yo había
sido sometido. Sin embargo, deseché el pensamiento. ¡Yo estaba vivo
aún y pensaba luchar por seguir estándolo!
Necesitaba la ayuda de alguien. Pensé inmediatamente en una
de las enfermeras del Centro, una hermosa chica con la que había
salido en un par de ocasiones. Ella me ayudaría. Siguiendo mis
instrucciones podría hacerse con el antídoto de la reduxona, aunque
la verdad es que aún no estaba muy perfeccionado, y devolverme a mi
tamaño normal. Luego, escapar del Centro sería pan comido, era una
huída que yo ya tenía prevista desde que había empezado a pasar
información clandestina. La perspectiva me animó de inmediato y me
llenó de esperanza. Eché a correr hacia la zona en que dormían las
mujeres del Centro. Sin embargo, al doblar una esquina, mi corazón
volvió a paralizarse. Por el fondo del pasillo avanzaba hacia mí una
figura de gigantescas proporciones. Me pegué a la pared, respirando
ansiosamente. En seguida vi que eran dos figuras: uno de los
vigilantes nocturnos del Centro y el perro que llevaba para colaborar
con él en su tarea. No sé cuál de los dos titanes me impresionó más,
el hombre o el animal. Permanecí allí, aterrado, con el corazón
latiéndome violentamente en el pecho, mientras el colosal vigilante y
su perro se acercaban.

me quede inmovil y lo que es peor un colosal pies quedo frente a mi
¿adonde crees que vas insecto? me dijo Margarita atrapandome en su puño
te vas de vuelta y para que no te vean entra y me metio enterito dentro
de su expectacular trasero y en el trayecto se tiro como 3 pedos para
torturarme espera que las chiquillas se enteren de esto mañana.

continuara

al dia siguiente me llevo al laboratorio y fue el turno de Patricia
como era mala y me debia castigar tenia mensado hacerme todas las maldades
que se pueden imaginar ademas hace 3 dias que no se duchaba y no se cambiaba ropa interior se lo metio dentro de sus panties dejandome apegardo a sus calsones ediondos a sudor y a piss de los tres anteriores trate de alejarme de ellos pero sus panties eran muy ajustadas.

por fin llegamos a su casa y se quito las panties yo estaba medio ahogado y aturdido con el olor ella sonrio y me dijo COMO ESTUBO EL VIAJE INSECTO TE GUSTO EL AROMA DE MIS CALZONES POR QUE ASE DIAS QUE NO ME CAMBIO Y NO ME GUSTA SECARME CUANDO VOY A MEAR, QUE ME DUELEN LOS PIES -se quito un zapato- YA INSECTO QUIERO QUE ME HAGAS MASAJES EN LOS PIES sus pies estaban muy sudorosos y comense a masajearlos con min diminutas manos pero me empujo y puso su enorme pie sobre mi y me dijo ASI NO CON LA LENGUA LAMELOS LOS QUIERO MUY LIMPIOS YA QUE NO ME DUCHE HOY Y EN EL LABORATORIO HUBO 32 GRADOS Y SUDE COMO NUNCA si su olor era fuerte su sabor lo era peor muy salado y humedo si algunas gotas eran tan grandes para mi que podia casi beberlas ella me dijo PARECE QUE NO LO DISFRUTAS MUCHO LO HAREMOS MAS INTERESANTE y saco de su bolsillo un poco de la formula y me la dio dejandome de 3 cm de estatura JIJIJIJIJI AHORA PUEDO ATRAPARTE CON LOS DEDOS DE MIS PIES LAMELOS SACAME TODO EL SUDOR NO TE DEJARE SALIR HASTA QUE LOS SIENTA LIMPIOS y asi lo hise tuve que lamer casa milimetro de en medio de sus dedos estando muy humedos y ahora si que las gotas eran gigantescas si eran como basos de sudor que me tenia que beber despuer de casi una hora de trabajo y ella riendo me dijo LO HAS HECHO BIEN TE GANASTE UN PREMIO ABRE LA BOCA Y POBRE DE TI QUE LA CIERRES entonces Patricia me aserco a sus hermosos y rojos labios y dejo caer una enorme gota de saliba la que tapo toda mi cara y lleno toda mi boca QUE ESPERA TRAGATELA me la tuve que beber y cuando terminaba me ordenaba abrir la boca otra vez y repetia el ejercicio lo hiso como cinco beses y me dejo totalmente satisfecho de beber tanto liguido BUENO TE GANASTE LAMER UN LUGAR ESPECIAL y abrio su axila la que estaba humeda por el calor y me ordeno limpiarla hasta que desaparesca el sudor y el olor era insoportable pero que podia hacer ahora solo bastaba que uniera el indice y el pulgar para que me triturara una vez que acabe con una segui con la otra ademas de burlas y risas JIJIJIJI TE GUSTAN MIS OLORES? Y MIS LIQUIDOS ESTAMOS RECIEN COMENSANDO asi que estuviste de espalda cuando te guarde en mis panties acaso no te gustan mis aromas te cuento que hace tres dias que no me ducho y no me cambio este calzon quieres comprobarlo otra ves- me tomo bruscamente y me dejo pegado a su calson su olor era fetido un mescla entre piss y sudor ademas no me dejaba moverme y mi cara la dejo pegada a el era mi fin moriria asfixiado en un calzon gigante sin poder hacer nada pero ella me solto y me dejo en medio de sus piernas abiertas luego me ordeno que tambien limpiara su entrepiernas que tambien poseian liquido de sudor.

bien comensemos con los juegos una vez dicho eso me llevo con ella al baño y me metio en un pequeño frasco luego lo dejo en el suelo y como lo havia hecho Carolina orino dentro de el dejandome nadando dentro LUEGO METIO SUS DEDO Y ME SACO SE SENTO DE PIERNAS ABIERTAS EN EL WATER Y ME DEJO EN FRENTE DE SU GIGANTESCO COÑO Y ME DIJO ¡¡¡QUE ESPERAS LIMPIAME!!! estaba todo humedo con gotas del porte de mi cara con un piss muy fuerte y asido tube que lamer cada milimetro de su gigantesco coño que era como una gran cueva para mi hasta que quedo limpio me dijo TE GANASTE UN PREMIO una vez dicho eso se puso de pie y se levanto sus calzones luego abrio la parte de atras y me dejo caer adentro quedando en frente de su espectacular culo al estar atrapado entre esos dos gigantescos muros de carne ya me inmagine lo que haria asi que me prepare a aguantar la respiracion y asi fue un largo y fuerte pedo salio de ella con un olor irrespirable comense a moverme para tratar de salir y le gritaba que por favor me dejara salir pero ella no escuchaba y debil voz y se reia por que sentia cosquillas despues de unos minutos me saco para que no me asfixiara y me dijo QUE TAL INSECTO TE GUSTO? ESPERO QUE SI MIRA QUE CADA VEZ QUE QUIERA TIRARME UNO TE METERE AHI ADENTRO Y AHORA AL AGUA O MEJOR DICHO AL PISS JIJIJIJI una vez dicho eso me sumergio en le frasco con piss y me obligo a beber grandes cantidades era muy fuerte y salado y tenia miendo de intoxicarme tambien se entretenia sumergiendome con su dedo gigante y no podia hacer nada con mis diminutos 3 cm.

AHORA ME DIO OTRO ANTOJO ASI QUE PREPARATE una vez dicho eso me saco de ahi y me metio a una pelela luego se volvio a bajar sus calzones y se sento en ellas muchos gases salieron hasta que vino el plato de fondo 3 enormes bollos me rodearon y me dejaron inmovilizado luego me tomo y me ordeno que la limpiara con la lengua y me comiera los restos de caca POBRE DE TI QUE QUEDE SUCIA POR QUE LA PASARAS PEOR ASI QUE LAMI Y LAMI SU GIGANTESCO CULO Y ME COMI TODO LUEGO ELLA SE PASO UN PAPEL HIGIENICO Y DIJO ¿QUEEEEE? QUE SIGNIFICAN ESTOS RESTOS DE CACA TE LO ADVERTI una vez dicho eso me tomo y tomo un gigantesco bollo y me sumergio en el me obligo a hacer un orificio comiendome su caca y no tuve otra de lo contrario me ahogaria comi y comi hasta lograr el orificio JIJIJIJI TE GUSTO? ESPERO QUE SI POR QUE SERA TU COMIDA OFICIAL AHORA VAMOS A BAÑARTE POR QUE ESTAS HECHO UN ASCO PENSE QUE ME LLEVARIA AL LAVADO PERO ASI NO FUE ME METIO EN EL FRASCO DE PISS Y ME ORDENO SACARME TODA LA MIERDA QUE RODEABA MI CUERPO LUEGO ME SACO BOTO EL CONTENIDO DEL FRASCO EN EL WC Y ME LLEVO AL LAVAMANOS PARA QUITARME EN OLOR A PISS.

luego me llevo a la piesa y me dejo sobre su cama para desnudarse pese a toda su maldad Patricia desnuda parecia toda una diosa unos enorme cenos un hermoso trasero esplendida sintura y hermosas piernas y me dijo SAVES ME GUSTA MASTURVARME TODAS LAS NOCHES PERO ESTA NOCHE SERA ESPECIAL tomo la formula y me dejo de 10 cm luego saco del cajon un preservativo y me metio en el JIJIJIJIJI PARECES UN GUSANITO BUENO INSECTO LE DAREMOS UN BUEN USO A TU NUEBA FORMA dicho eso me tomo en su mano se abrio de piernas y sin piedad me metio dentro de su vaginas hasta el final quedando solo mis pies fuera trataba de salir pero era inutil y esos movimientos para ella era como un vibrador luego me saco y me giro ahora metio primero sus pies dentro de ella asi me comenso a meter y sacar HOOOOOOOOOO SIIIIIIIIII SIIIIIIIIIII LAMEME EL CLITORIS Y MUEVETE DENTRO DE MI INSECTO ES UNA ORDEN quede completamente dentro de ella y solo mi cabeza estaba afuera me aserque a su gigantesco clitoris y lo lami con mi diminuta lenguita ella se exito mas y mas hasta que acabo y me baño con sus jugos luego me saco y me ordeno limpiarla BUENO ENANITO HAY QUE DORMIR POR QUE MAÑANA NUEVAMENTE LE TOCA A CAROLINA COMO HOY HACE CALOR VOY A DORMIR DESTAPADA ¿SAVES POR QUE? ADIVINA DONDE DORMIRAS TU ¡¡¡DENTRO DE MI VAGINA!!! Y ASI FUE METIO MIS PIES PRIMERO Y ME SUMERGIO MAS Y MAS HASTA QUE MI CABEZA SOLAMENTE QUEDARA AL AIRE QUE ESTES BIEN NOS VEMOS MAÑANA TE CUENTO QUE SOY BUENA PARA MEARME EN LA NOCHE ASI QUE SI SE ME ARRANCA UNA MEADA CORTITA TU TE LA BEBERAS PARA QUE NO MANCHE LA CAMA.

asi ella se quedo dormida y yo por el cansancio tambien pero fui interrumpido como 3 o 4 veces ya que se le arrancaban meadas que me tenia que beber sino me castigaria en la mañana.

ella desperto en la mañana y me vio dentro de ella se levanto y no me saco de ahi y me llevo dentro de ella al laboratorio cuando las otras preguntaron donde me encontraba ella las invito a ir al baño y me mostro donde me encontraba veia a las tres gigantes burlandose de mi y riendo y ya que estaban en el baño secaron el water me metieron adentro y una a una se sento ya sea para hacer pis caca o las dos cosas y Carolina me dijo AHI TE QUEDARAS TODO EL DIA A LA TARDE TE VENGO A VUSCAR ADEMAS PARA QUE LO LLENEMOS MAS CON EL TRALLECTO DEL DIA JIJIJIJI.

bueno amigos esa es mi historia actualmente sigo siendo el juguete
de estas cuatro crueles mujeres siempre inventando torturas una peor
que la otra e incluso usandome como sentro de entretencion en las
pijamadas pero eso es parte de otra historia.

FIN



 

Contact us for advertising your femdom related sites here.

Your Ad Here
Your Ad Here
About Us Contact Us Link Exchange Advertise Privacy, Disclaimer & Exemption