Dominación Femenina no es opresión

Elise Sutton (Sobre Elise Sutton)

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La Dominación Femenina no es opresión (Elise Sutton)

Algunas Mujeres no iniciadas pueden pensar que el estilo de vida de la Dominación Femenina se asemeja a la opresión; es decir, al sometimiento de una persona a través de la vejación, la humillación y la tiranía.

Ante una idea así, viniendo de una Mujer no iniciada, salta a la vista que tal comentario está motivado por la forma de actuar del sumiso que quiere que ella se inicie pero que no está sabiendo venderle los beneficios de este estilo de vida y, por tanto, ella piensa que se trata de oprimir y esclavizar para saciar las fantasías del sumiso.

El sumiso siempre debe de acercarse a este estilo de vida desde el punto de vista de la Mujer. La Mujer quiere a un hombre cariñoso y comprensivo que la trate como a una Reina y que no se entregue a ella por la fuerza sino porque la ama y porque el amor que siente hacia ella lo motiva a servirla.

Una Mujer disfrutará dominando a un hombre cuando sienta que la motivación del hombre no es de naturaleza egoista basada en fantasías que para él pueden ser excitantes sino cuando sienta que es una auténtica pasión por someterse a la Mujer que él ama. Para conseguirlo, el sumiso tiene que hacer aquello que sabe de antemano que a ella le da placer.

Es perfectamente correcto por parte del sumiso tratar de comunicarle a la Mujer no iniciada las necesidades y deseos que tenga y también lo es querer introducirla en algunas prácticas de Dominación Femenina. Sin embargo, no debe ser esa la motivación del sumiso. Donde se debe concentrar toda la atención es en aquello que el sumiso sabe que a ella le gusta y la única motivación válida es servirla a ella y a sus intereses.

El estilo de vida de la Dominación Femenina, en realidad, no es difícil. Se basa en un hombre que prefiere que la Mujer esté por encima de él. Se basa en un hombre que se sacrifica por la Mujer a la que ve como una Reina. Se basa en un hombre que se siente sumisamente realizado al someterse a una Mujer, y esa sumisión se manifiesta de muchas formas y maneras; no sólo en el dormitorio sino, bien al contrario, la mayoría de ellas en la vida doméstica y social.

Al servir a la Mujer, el sumiso la seduce y hace aflorar en ella el deseo de dominar. Y, conforme este deseo crece y va madurando, lo más probable es que la Mujer empiece a desear también el mismo tipo de prácticas de Dominación Femenina que inicialmente el sumiso desea. Pero, para que ella llegue a esta situación, primero debe experimentar los beneficios que le puede reportar la Dominación Femenina y debe sentirse querida y adorada. Incluso podría llegar a disfrutar con cierto grado de opresión sobre el sumiso pero sólo si ella cree que al hacerlo está aportando satisfacción plena a la vida del sumiso y está beneficiando también la de ella.

La Mujer no iniciada necesita conocer la dinámica de poder del estilo de vida de la Dominación Femenina, pero eso no sucederá hasta que ella sea receptiva a esos conocimientos, lo que a su vez tampoco sucederá hasta que no tenga motivación que, a su vez, no puede tener hasta que el sumiso no le haya mostrado los beneficios que le depara la Dominación Femenina.




 






 

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